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Diario El Heraldo de Puebla

Diario El Heraldo de Puebla

René Avilés Fabila / Reinhard Teichmann / César Güemes / José Agustín

Travesía (17 de Octubre de 2016)

Publicado: 17 de Octubre 2016 en Desarrollo Humano y Educación
163 visitas 0 comentarios Blog 6 de 198

**Para Sergio Vázquez: Mientras tu cuerpo se defiende, que tu mente resista y luche...

Un abrazo, de aquí al cuarto 635 del ISSSTE Puebla**

Serafín Vázquez / vianxe@prodigy.net.mx

El Heraldo de México

Qué tristeza, escribía René Avilés en 1978, hoy en día el mismísimo zoon politikón está despolitizado; y agregaba: El mono es un hombre que no quiso evolucionar. (Y es comprensible)

En esos años, aún creía en la Utopía marxista, poco después, la izquierda lo decepcionaría por sectaria, dogmática, perezosa, porque realmente no le interesaba transformar al país. Lo peor de la izquierda, decía, son sus militantes.

Autor de infinidad de novelas y cuentos, entre la que podemos mencionar Hacia el fin del mundo, Pueblo en sombras, La lluvia no mata las flores, El bosque de los prodigios, El gran solitario de palacio, Los juegos, Tantandel, La canción de Odette, La cantante desafinada, Memorias de un comunista, entre otros.

En su obra podemos encontrar crítica política, pero también una vertiente literaria fantástica y amorosa, como él mismo reconoce.

Hijo de padres divorciados desde la edad de 3 años, aseguraba que la figura paterna nunca le hizo falta, pues la suplía con la del abuelo y los familiares maternos.

Decía que el compromiso del escritor era con la escritura; pero en algún momento de su vida creyó que era con la sociedad, con el pueblo. Sin embargo, aún en su época militante, nunca cayó en la literatura de propaganda ni de consigna.

Lector desde la infancia, mencionaba tener influencias de la literatura estadunidense: Fitzgerald, Steinbeck, Hemingway, Poe.

Yo hago literatura de la literatura. No he inventado nada; todo lo he tomado de los libros.

Su vocación de escribir nació en la secundaria, junto con José Agustín y Gerardo de la Torre, sus amigos de juventud. Pero fue en el taller de Juan José Arreola donde se formó.

Reconocía como grandes escritores a Rulfo, Fuentes y Paz, sin olvidar a José Revueltas. Y en Latinoamérica a Borges, Cortázar, Márquez y Vargas Llosa.

Cuentista, novelista y periodista, René Avilés (1940-2016) era asiduo visitante de Puebla, entre otros motivos porque fue Defensor del Periodista en Síntesis y por su cercanía con escritores radicados en la ciudad. Incluso, la UAP tiene una colección con su nombre, donde se publica a creadores menores de 30 años. La universidad le publicó en 2014, La cantante desafinada.

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Su honestidad y compromiso como Defensor del Periodista

En 2009, René era Defensor del Periodista del diario Síntesis del empresario Armando Prida Huerta. En esa época, yo trabajaba ahí. Pero un mal día, la empresa decidió pagar menos impuestos simulando ante el IMSS que todos ganábamos el salario mínimo.

Como yo me negué a esa simulación, la empresa me despidió. Pensaba yo, erróneamente, que René era Defensor del Periodista por ser amigo del dueño del diario. Aún así, decidí recurrir a él.

René Avilés planteó el caso, y pese a la empresa que argumentaba que el despido no era injustificado, sino a causa de la crisis económica, él siempre defendió mi punto de vista. Gracias a él, la empresa fue obligada a negociar conmigo, y poco después, ante Conciliación y Arbitraje, Síntesis pagó la indemnización pactada, menor a lo que marcaba la Ley Federal del Trabajo, pero mucho mayor a lo que inicialmente ofrecían.

Cito parte de nuestras conversaciones, y de las de él con los directivos de Síntesis:

Querido Serafín, muchas gracias por tus palabras, apenas he cumplido con mi deber, yo no trabajo para empresas ni para personas afortunadas, trabajo para el periodismo, para la literatura, para camaradas como tú...

Posdata: yo también estoy esperanzado, no creo en los partidos, creo en la sociedad y de ella espero mucho, un gran cambio que nos ponga donde debemos estar.

Apreciado Mariano (Morales), tengo la impresión que el despido... es por completo injustificado. Las razones que esgrimes para su salida de Síntesis, no acaban de convencerme. Por ello insisto que el caso debe ser tratado con justicia y equidad, con un severo apego a las disposiciones legales. El propio interesado me ha hecho llegar argumentos que me obligan a ver las cosas de forma contraria a la tuya y en general a la empresa Síntesis. Para evitar mi propio alegato, te anexo el testimonio y pruebas del interesado o afectado... Creo que si no hay interés en reinstalarlo, por lo menos tendrían que ajustarse a lo indicado por la ley...

Así era René, comprometido y con una honestidad a toda prueba.

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De De la onda en adelante

Infancia y figura paterna

Mis padres vivían separados; se divorciaron cuando yo tenía tres años. Viví con mi mamá siempre. A mi padre lo vi unas cuantas veces en mi vida. Al final de su vida lo veía; nos encontrábamos, conversábamos; él también era escritor. Tiene algunas novelas e historias de la ciudad de México. Yo vivía en la casa de mi madre con toda la familia materna, con sus padres y hermanos. Una familia numerosa. Pero supongo que a pesar de esto, fue una vida más o menos tranquila, más o menos normal, en lo que cabe.

Nunca me preocupó la falta de papá, porque estaba mi abuelo, estaba un hermano de mi madre; y después, cuando encontré a mi padre, ya era yo demasiado mayor, y estaba saliendo de la adolescencia, de tal manera que ni siquiera pudimos ser amigos.

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¿Nunca tuviste una relación muy estrecha con tu padre?

No. Nunca tuve una relación cercana con él. Ni siquiera le dije “papá”. Le decía René (también se llamaba René). Esto lo cuento en la Canción de Odette: la relación entre mi padre y yo, y la reacción que yo tuve cuando él murió. Publique un artículo en el diario unomásuno sobre él.

-¿Cuál fue tu reacción?

Pues una reacción diversa, de rechazo y de aceptación, de afecto y de desafecto. Admiraba que fuera un hombre honrado y que hubiese dedicado su vida a la cultura, pero por otro lado me parecía un hombre poco digno de cariño, poco digno de aprecio, muy egoísta. En fin, esto lo expongo en un capítulo de la novela citada, cuáles fueron las reacciones. En realidad, eso originalmente era el artículo que publiqué al día siguiente de que murió mi padre y que se llamaba precisamente “La muerte de mi padre”. Después, cuando estaba escribiendo la novela, transformé ese artículo en capítulo literario y lo incluí.

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El oficio de escribir

¿Cuál fue tu primer contacto con la literatura? ¿Cuándo comenzaste a escribir?

Pues es difícil saber en qué momento empecé a sentirme muy, muy atraído por la literatura. Te repito: yo era un lector desde niño, y en los años de secundaria, junto con José Agustín y Gerardo de la Torre y algunos otros compañeros de mi misma generación, empezamos a escribir. Formamos un grupo que se llamaba “Mariano Azuela”. Se reunía en la Colonia Narvarte. Intercambiábamos libros, intercambiábamos comentarios, hablábamos de literatura, y leíamos nuestros trabajos. Todos eran horribles. Escribíamos obras de teatro, poesía, cuentos, etcétera. Lo que se nos ocurría escribir.

De hecho, puede decirse que yo encuentro mi camino, o que empiezo a escribir formalmente en los años del bachillerato, es decir en 1960, que es el momento en que conozco personalmente a Juan José Arreola. Le presento mis cuentos y se convierte en una especie de maestro, no sólo mío sino de mi generación. Con él formamos una revista que se llamaba Mester, una revista muy hermosa (de broma le decían “Mester de la Arreolería”), y ahí empezamos a publicar los primeros poemas y cuentos: José Agustín, Roberto Páramo, Juan Tovar, Alejandro Aura. Es decir, la generación de 1940, o de 68, o de la Onda, porque nos llaman de muchas maneras.

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La literatura de la Onda no existe

¿Te consideras parte de La Onda?

No. Yo lo he rechazado siempre. No hay ningún autor de esa época que acepte ser de la Onda por una razón muy sencilla: porque Margo Glantz dio esta definición de una manera muy superficial, sin tomar en cuenta la totalidad de los autores de esa época ni sus obras. Son trabajos muy variados y muy ricos, aunque no sean todavía muy conocidos, y me parece que lo que Margo hace es algo muy simple, muy simplista, muy tonto...

El primer libro que yo publico es un libro de cuentos llamado Hacia el fin del mundo. Lo publico en el Fondo de Cultura Económica; y estos cuentos tienen mucho más que ver con Kafka o con Ray Bradbury, digamos, que con la Onda.

Para nosotros la Onda fue un movimiento social-político-juvenil, que se dio en muchas partes del mundo y que en México tuvo ciertas características, pero nosotros no formamos parte de él. Como dice José Agustín, nosotros no usábamos el pelo largo, ni traíamos huaraches, ni aventábamos flores.

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Mi literatura es política, fantástica y amorosa

Yo siempre he dicho que mi obra tendría tres vertientes: una sería la política, que se ve en El gran solitario de Palacio, por ejemplo. Otra sería el amor, que se ve en novelas como Tantadel y La canción de Odette. Y una más sería la fantástica, que englobaría a una buena parte de mis pequeños relatos, de mis cuentos cortos, que son muchísimos.

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Periodismo y literatura

Además de las novelas y de los cuentos, ¿has escrito en otros géneros?

No, nada. Ejerzo el periodismo desde hace 20 años, pero sin ninguna pretensión que no sea la de comentar algo cotidiano.

¿El hacer periodismo te ha ayudado para escribir novelas y cuentos?

Realmente no lo sé. Siempre recordé la frase de Hemingway al respecto, que dice que es importante el periodismo pero hay que dejarlo a tiempo. Yo sigo cultivándolo, lo sigo ejerciendo, pero pienso dejarlo. Pienso que sí, en ocasiones, se entromete el género periodístico con el literario y entonces entorpece o le da ciertas características distintas a la prosa. Yo quiero al periodismo; no me disgusta; le debo grandes favores, de tal manera que no rehúyo esta cierta influencia que de pronto el periodismo puede ejercer en mí.

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La militancia en la izquierda

Ideológicamente me decepcioné de la izquierda, de la que fui casi veinte años militante; y la abandoné: tan sencillo como eso.

¿Por qué la abandonaste?

Es muy complejo. En primer lugar porque la conocí; en segundo lugar porque no avanzaba, no prosperaba; en tercer lugar porque era dogmática y sectaria; en cuarto lugar porque era perezosa, porque realmente no tenía ningún interés en transformar al país; también porque era ortodoxa, inmóvil, porque seguía creyendo a ciegas en las frases de Lenin cuando Lenin era un autor, a pesar de su enorme importancia, ya obsoleto.

Porque el mundo ha cambiado radicalmente desde que Lenin escribió. Los de la izquierda creían que Marx seguía siendo infalible. Entonces, por todas estas razones dejé la izquierda; me era ya antipática. Y quizás lo peor sean sus militantes.

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El pesimismo

¿Hay una visión pesimista en esta novela?

En todas mis novelas y en todos mis libros hay una visión pesimista. Yo no creo ni en el optimismo ni en que este mundo esté tan bien como para que estemos contentos. Y esto los marxistas me lo reprochaban mucho: que yo no veía posibilidades en la humanidad o en la sociedad; que cuando llegara la clase obrera al poder, todo sería maravilloso, que habría un futuro luminoso. Y como yo pensé que con la clase obrera en el poder el futuro sería todavía menos luminoso, entonces siempre he seguido manteniendo mi pesimismo. Creo que mis historias son más bien de desesperanza, de ausencia de amor, de dificultades para integrar la pareja; y desde ahí sería una crítica a la monogamia, y al modo de vida amoroso de Occidente.

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El deber del escritor… escribir

Unas preguntas generales. ¿Cómo defines la función de un autor? ¿Tiene responsabilidades?

Bueno, hace 20 años yo te hubiera dicho que un escritor tiene una responsabilidad política, social, con su pueblo, con la humanidad, con el universo, y que invariablemente está del lado de los desprotegidos, de las clases menesterosas. Hoy en día yo creo que el gran compromiso de cada autor es justamente con el arte, con la literatura, y si esto se cumple, estamos ya cumpliendo con el compromiso que tenemos con nuestro país o con la humanidad entera.

¿Entonces se trataría de una responsabilidad estética?

Por completo. Me parece que incluso esto rebasa los límites de un compromiso político...

Es decir, el compromiso estético es lo fundamental y con eso se cumplió con la deuda que uno tiene con quien lo ha generado.

Uno debe empeñarse en escribir mejor cada vez, en producir mejores libros, en ser un escritor importante dentro del país o donde sea, y con esto se paga todo lo que hizo la sociedad por uno; porque efectivamente uno es un producto social.

Yo hablo un idioma que me enseñaron, que se ha ido enriqueciendo a lo largo del tiempo; utilizo una máquina que construyeron obreros que desconozco, etcétera. Tengo una cultura que he ido adquiriendo gracias a un trato social. En otras palabras, ese compromiso es muy amplio. Vivo en un país pobre con miles de carencias. Tuve la fortuna de irme a estudiar a Europa. Vivo bien. Siento que efectivamente tendré que pagar tales deudas, pero bueno, me parece que lo más limpio, la mejor manera de pagarlas, es escribiendo los mejores libros que pueda.

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Rulfo, Fuentes y Paz

Ya hay escritores de gran talla, como Rulfo, como Fuentes, como Octavio Paz; pero son casos aislados. Lo ideal sería sumar un buen número de ellos.

¿Qué piensas más particularmente de esos autores que has mencionado?

Bueno, tal vez el caso de Rulfo sea el de la mayor perfección formal; es el escritor más riguroso de todos los que he mencionado. Por eso su obra se limitó a dos libros. Pero es una obra prácticamente perfecta. Fuentes no; Fuentes es prolífico; es abundante; es incluso aterrador, ¿no? Porque yo a estas alturas francamente no leo una novela de 700 páginas, aunque me paguen. Yo le agradezco a Borges que no haya escrito nunca grandes cantidades de cuartillas, sólo cuentos y alguno que otro texto más largo. Es, sin embargo, un escritor muy importante en la narrativa latinoamericana, quizás nuestro escritor más cosmopolita. Y Paz, bueno, me parece que su obra poética es la parte fundamental, la que se va a quedar. Su parte como teórico, incluso como teórico político, porque de pronto se nos pone en ese terreno, es lo meno perdurable. Creo, por ejemplo, que en el caso de El laberinto. . . tienes un libro absolutamente viejo obsoleto. En todo caso, es importante para estudiar ciertas épocas de México y del mexicano...

El mexicano que tenemos enfrente hoy en día ya no tiene nada que ver con aquellos valores.

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De Pueblo en sombras

Aforismos

El mono es un hombre que no quiso evolucionar. (Y es comprensible.)

Nadie es por completo el Dr. Jekyll ni nadie es plenamente Mr. Hyde. Todos somos la mezcla de ambos. Hasta las novelas y los films donde el bueno es siempre un bondadoso acartonado y el malo es por fatalidad el villano, tienden a su desaparición.

Que tristeza: hoy en día el mismísimo zoon politikón está despolitizado.

De Platón en adelante los grandes pensadores han tratado de organizar más inteligentemente  a la humanidad y sus esfuerzos han terminado en loables intentonas poco serias, en estrepitosos fracasos o en bellos textos literarios. Sin embargo, pese al desolado panorama, no todo está perdido: no queda aún la gran Utopía de Marx.

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De Vieja ciudad de hierro

Las colonias que habité

Mi primer barrio es muy amplio: la Calzada de Tlalpan. Nací prácticamente sobre ella, en una pequeña calle, Algarín, que todavía existe en la colonia Postal. Al poco tiempo pasé a la Villa de Cortés que está exactamente del otro lado. Así que recorrí durante más de 20 años no sólo ésta sino los rumbos de Portales, Nativitas y La Moderna. Todo eso fue mi gran barrio. Ahí crecí, me hice de amigos, de no tan amigos, de conocidos y de toda una serie de experiencias que a la distancia me despiertan una sonrisa.

Hoy todos esos sitios están muy decaídos, muy maltratados. Ya no son los que me tocó conocer. De cuando fueron mis rumbos hablamos de hace 40 años, de tal manera que esa era una ciudad muy distinta, con características que la diferenciaban y la hacían amable: tranquila, poco poblada, llena de árboles y pequeños bosques. Incluso quedaban algunos ríos. Pienso, por ejemplo, en el mismo río de la Piedad, hoy convertido en Viaducto. Recuerdo también al río Churubusco, a cuyos bordes iba a jugar.

No quisiera dejar de lado en este recuento a los tranvías cuya ruta era del Zócalo a Tlalpan y Xochimilco, unos tranvías dobles, muy atractivos. Todo ese mundo me gustaba muchísimo y me hizo pasar una adolescencia muy agradable.

Respecto de mis escuelas puedo decir que siempre fueron oficiales y me imagino que se nota. Nunca estuve en un colegio privado, ni siquiera en París, porque la escuela a la que asistí allá pertenecía al gobierno francés. Por fortuna siempre me tocó acudir a instituciones educativas de carácter mixto. Quizá lo más hermoso de todo es que los dos primeros años de primaria estuve en escuelas de niñas. Y no por algún equívoco, sino porque mi madre, profesora, no tenía con quien dejarme en casa. Así que me llevaba con ella a la escuela donde laboraba, que era ésta de puras niñas. Cursé primero y segundo grados rodeado de mujercitas. Para mí la experiencia resultó fantástica. Recuerdo el gusto por las niñas desde muy temprana edad. Y me alegro de ello. Ya para la secundaria me fui hacia el centro de la urbe, al plantel Uno, que estaba en Regina. Y luego la prepa, en la Siete, que se ubicaba entonces en Licenciado Verdad y Guatemala. Lo cierto es que en esa época viví muy contento madreando a los piojosísimos de la Portales. No a todos, claro, alguno que otro se me escapó, pero ya lo madrearé después. Posteriormente me fui a la Del Valle, muy pegado a la Narvarte.

Cuyos rumbos compartí con José Agustín y Gerardo de la Torre. Casi al mismo tiempo de empezar a escribir conocí a estos dos escritores. Ellos son mis amigos desde muy jóvenes. En la zona de la Del Valle estuve mucho tiempo, hasta que me fui a Europa. Allá pasé un tiempo que fue en buena medida provechoso. Al regresar de ese viaje vuelvo a habitar en la misma colonia, de donde no saldría sino para irme al sitio en que hoy vivo. Pasó el tiempo, la lucha de clases se acabó, yo gané, y ahora tengo mi casa en el Pedregal.

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De El rock de la cárcel

Con mis viejos cuadernos René Avilés y Gerardo de la Tower compartía el gusto por el chupehastacair, y mínimo una vez a la semana (es cosa sana) nos empedábamos. Además, canalizábamos la belicosidad por la venerable y ancestral vía de los madrazos. René Avilés le dio a moquetes a Tomás Mojarro y por si fuera poco destrozó la puerta de cristal del edificio; hasta la policía llegó esa madrugada.

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De la onda en adelante

Conversaciones con 21 novelistas mexicanos

Reinhard Teichmann

Editorial Posada - México - 1987.

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Vieja Ciudad de Hierro

100 biografías geográficas de la cultura mexicana

César Güemes

Conaculta - México - 1995.

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El rock de la cárcel

José Agustín

Editores Mexicanos Unidos

México - 1985.

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Pueblo en sombras

René Avilés Fabila

Editorial V Siglos

México - 1978.

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