Georgia, Estados Unidos. Muchas personas todavía creen en la noción idealista de que los deportes y la política no deben entrar en confrontación en los años de los Juegos Olímpicos. Como si 200 naciones, que crean una mezcla inestable de idiomas, credos y agendas, pudieran unirse pacíficamente en el "Edén" durante 17 días, todo en nombre de saber quién corre más rápido los 400 metros.
Pero este sueño voló en pedazos hace mucho tiempo. Antes de Moscú en 1980, cuando Estados Unidos encabezó un boicot por la invasión soviética en Afganistán. Antes de Munich en 1972, cuando atletas israelíes fueron asesinados por terroristas palestinos. Antes de Berlín en 1936, cuando Hitler esperaba que los juegos servirían para demostrar la superioridad de su raza sobre negros y judíos.
La política y los deportes han sido una combinación mortal desde las antiguas Olimpiadas, cuando los griegos formaban alianzas militares durante las carreras de carruajes. La coexistencia nunca tuvo una oportunidad.
China será anfitrión de los próximos Juegos Olímpicos de verano. Desde hace tiempo ha sido criticada por su historial en derechos humanos, sus políticas en Tíbet, Sudán y Myanmar. Las protestas eran inevitables.
También lo era otra cosa: la amenaza de un boicot.
Boicotear la ceremonia inaugural (por lo menos) se ha convertido en el tópico de moda en círculos políticos en Estados Unidos y por toda Europa.
No podía faltar en esto una figura de los derechos civiles estadunidense: el congresista de Georgia, John Lewis, quien organizó "Viajes Libertarios" en autobuses y plantones de protesta durante la época de la segregación en el sur, demanda al menos un boicot parcial.
"No abogo por un boicot total. Pero creo que no debemos asistir a la inauguración o, si vamos, debemos expresar de alguna forma nuestro apoyo al pueblo del Tíbet", indicó. Lewis fue uno de los quince representantes que recientemente enviaron al presidente Bush una carta para instarlo a no asistir a los juegos.
"China miente, la gente muere"
China se ha mostrado inflexible. Apenas hace poco los organizadores aceptaron abrir el acceso a internet durante los juegos. Hemos visto activistas escalando la torre Eiffel y el puente Golden Gate en señal de protesta. Hemos visto murales donde los anillos olímpicos son dibujados como esposas.
¿Qué ha visto China? Nada, al parecer. El miércoles, el sitio oficial de los Juegos Olímpicos de Beijing en internet señalaba: "San Francisco abraza la flama olímpica con orgullo".
Los organizadores se han referido al paseo de la antorcha como a una "Jornada de Armonía", sin tomar en cuenta los miles de manifestantes en Londres y París que intentaron interrumpir su recorrido.
En San Francisco, miles de personas protestaron a lo largo de los 10 kilómetros de recorrido, desde monjes tibetanos hasta monjas. Había policías en todas partes, hasta en jetskys en la bahía. La gente, portando banderas del Tíbet, marchó por el Golden Gate gritando: "China miente, la gente muere".
No se pareció en nada al lema olímpico de "más rápido, más alto, más fuerte". Sin embargo, por ahora, debemos acostumbrarnos a que el deporte quede en segundo plano.
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